Los ácidos biliares desempeñan un papel clave en la enfermedad de Alzheimer

Los ácidos biliares desempeñan un papel clave en la enfermedad de Alzheimer

Los ácidos biliares, conocidos desde hace tiempo por su función en la digestión de las grasas y el metabolismo hepático, también influyen en el sistema nervioso central. Actúan como moléculas de señalización capaces de modular la homeostasis cerebral a través de un eje hígado-intestino-cerebro. Estos compuestos, producidos por el hígado a partir del colesterol, son transformados por las bacterias intestinales en ácidos biliares secundarios y luego reciclados en gran parte por el organismo. Una pequeña fracción llega incluso al cerebro, donde pueden atravesar la barrera hematoencefálica según su naturaleza hidrofílica o lipofílica.

En la enfermedad de Alzheimer, caracterizada por la acumulación de péptidos beta-amiloides y proteínas tau anormales, los perfiles de ácidos biliares suelen estar alterados. Los estudios muestran una disminución de los ácidos biliares primarios y un aumento de los secundarios, especialmente aquellos de carácter hidrofóbico como el ácido desoxicólico y el ácido litocólico. Estos últimos, en exceso, favorecen la ruptura de la barrera hematoencefálica y la neurotoxicidad, agravando así los síntomas de la enfermedad. Por el contrario, algunos ácidos biliares hidrofílicos, como el ácido tauroursodesoxicólico, ejercen efectos protectores al reducir la inflamación y limitar la formación de placas amiloides.

Estas moléculas actúan directamente en el cerebro activando receptores específicos, como FXR y TGR5, que regulan la actividad de los neurotransmisores y las respuestas neuroconductuales. FXR, por ejemplo, inhibe la producción de citocinas proinflamatorias, mientras que TGR5 limita la activación de las células microgliales, reduciendo así la neuroinflamación. Además, los ácidos biliares estimulan la liberación de hormonas intestinales como el GLP-1 y el FGF19, que mejoran la sensibilidad a la insulina en el cerebro y apoyan las funciones cognitivas. El GLP-1, en particular, refuerza la producción de factores neurotróficos, protegiendo a las neuronas contra la degeneración.

Paralelamente, los ácidos biliares influyen en la composición del microbiota intestinal. Ciertas bacterias, como las del grupo Clostridium, transforman los ácidos primarios en ácidos secundarios potencialmente neurotóxicos. Un desequilibrio de esta flora, llamado disbiosis, puede agravar los mecanismos de la enfermedad de Alzheimer al favorecer la acumulación de metabolitos nocivos. El nervio vago, que conecta el intestino con el cerebro, también desempeña un papel clave al transmitir las señales relacionadas con estos metabolitos, contribuyendo a la regulación de la inflamación y la cognición.

Finalmente, los ácidos biliares hidrofílicos, como el ácido ursodesoxicólico, han demostrado propiedades neuroprotectoras en modelos preclínicos, atenuando las lesiones cerebrales y preservando las funciones de la memoria. Su potencial terapéutico, aunque prometedor, aún requiere ensayos clínicos profundos para confirmar su eficacia en humanos. Así, los ácidos biliares representan una pista innovadora para comprender y tratar la enfermedad de Alzheimer, dirigiéndose tanto a los mecanismos centrales como periféricos de esta patología compleja.


Informations et sources

Référence scientifique

DOI : https://doi.org/10.1007/s00210-026-05516-1

Titre : Bile acids in Alzheimer’s disease: a double-edged sword in gut–liver–brain signaling and neurodegeneration

Revue : Naunyn-Schmiedeberg’s Archives of Pharmacology

Éditeur : Springer Science and Business Media LLC

Auteurs : Rehana Basri; Hayder M. Al-kuraishy; Mubarak Alruwaili; Ali I. Al-Gareeb; Ali K. Albuhadily; Athanasios Alexiou; Marios Papadakis; Safaa A. Faheem; Gaber El-Saber Batiha

Speed Reader

Ready
500